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DIARIO DE SAN JOSÉ

31 de octubre, Día de la Mascarada Costarricense

Carmen Edgell
31 octubre, 2020
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Las mascaradas son una antigua costumbre muy arraigada dentro del pueblo costarricense. Generalmente se trata un grupo de personas disfrazadas con máscaras de enormes cabezas que bailotean alegremente con la música de una banda.

Nadie se ha salvado de los sustos o risas cuando las mascaradas se sacuden al son de las cimarronas y persiguen a la gente en las festividades. Las celebraciones con mascaradas se dan usualmente durante las actividades de las Fiestas Patronales, en honor a los Santos Patronos de cada pueblo.

Muchas de las caretas que comúnmente se encuentran en los grupos de mascaradas corresponden a personajes de tradicionales leyendas, gente reconocida de la política o de diferentes ámbitos nacionales. Algunas de las máscaras más usadas son la Giganta, el Diablo, la Muerte, el Policía, la Calavera, y el Padre sin cabeza. Una curiosidad es que la famosa Giganta está inspirada en las señoras adineradas.

¿Por qué se celebra el 31 de octubre?

Como alternativa a la popular fiesta extranjera de Halloween, se estableció celebrar el 31 de octubre, el Día Nacional de las Mascaradas, para promover las costumbres propias del país y mantener viva la tradición.

Importancia de las mascaradas

Desde el periodo prehispánico, los pueblos indígenas elaboraban máscaras con diferentes propósitos, por ejemplo, para ritos funerarios y ocasiones festivas, teniendo un papel relevante en la cultura popular de Costa Rica.

Primordialmente, los bruncas o borucas mantienen viva esta tradición, con su danza de los diablitos, que, según dicen, es el único baile americano en que los indígenas, representados por los diablitos, vencen al toro, que simboliza al colonizador español.

Orígenes de la mascarada

Aunque desde la época prehispánica los pueblos indígenas han utilizado máscaras, como hablamos anteriormente, la primera mascarada tal y como la conocemos nació en Cartago, durante la celebración a la Virgen de Los Ángeles, Patrona de Costa Rica, un 02 de agosto de 1824.

En esta vieja metrópoli, donde se encuentra la Basílica de los Ángeles, en la zona antes conocida como: “La Puebla de los Pardos”, hoy “Barrio Los Ángeles”, desde la época de la colonia se formó un lugar único de reunión de culturas, donde convivían 3 pueblos distintos: los blancos, los indígenas y los negros africanos.

De ese pueblo nació, en al año 1824, Rafael Ángel (Lito) Valerín. Era marimbero, sombrero, fontanero, relojero, hombre de mil habilidades. Él fue quien, según la tradición, recogió la herencia de las mascaradas y, a comienzos del siglo XX, su herencia fue retomada por su hijo, Jesús Valerín.

Historiadora, Valeria Ramírez Roldán, Departamento de Cultura

Periodista, Carmen Edgell Matus, Comunicación Institucional

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